Colaboratorios: Poner el conocimiento, la comunidad y la cocreación en la base

Laia Sánchez, Colaboratorio Citilab Cornellà

Vivimos una situación excepcional en la que los sistemas, procesos, recursos y nuevas dinámicas sociales acompañan a la ciudadanía en búsqueda de respuestas, pero es imprescindible que el compromiso personal se sitúe en el centro de la acción que defiende lo común y lo público. Vimos cómo sucedía así durante la pasada primavera, cuando todas afrontamos una situación muy complicada.  Ahora, ante una nueva embestida observamos preocupados cómo ese compromiso ciudadano se empieza a debilitar.

Es urgente conectar la innovación ciudadana y la participación democrática.  Para hacerlo, el sector público, desde todos sus niveles e instituciones, ha de contribuir a articular una estructura estable que abra y sostenga procesos de participación e innovación que den a la ciudadanía un papel activo y corresponsable de la construcción de su futuro. Por eso, es necesario poner el conocimiento, la comunidad y la cocreación en la base. 

Necesitamos un sistema transversal, distribuido e híbrido que incorpore el potencial digital de la red. Una estructura que podamos sostener. Ésta debe ser pública y va a ser básica para identificar, visibilizar y movilizar el conocimiento, la inteligencia y la acción colectiva de la ciudadanía. 

Esta implicación de la ciudadanía no es sólamente útil, es una necesidad que por momentos se convierte en crítica. Sobre todo, si además de la salud de nuestra población queremos garantizar nuestra salud democrática

Ante la situación, observamos con consternación los riesgos que acompañan a las tensiones que estamos viviendo. No debemos desviar la mirada ante el auge de los populismos, pues éstos no dejan escapar oportunidad para ganar terreno. Su avance decidido y organizado representa la más oscura sombra del siglo XX que revive proyectada sobre los recién estrenados años 2020. 

La capacidad de respuesta social organizada que desde los años ochenta se fue desarticulando bajo las promesas y visión del mundo neoliberales, puede volver a crecer igual que también el miedo y la frustración son alimento de los populismos.  

El futuro de una sociedad democrática que respete derechos y libertades fundamentales lo hemos de construir juntas entre el sector público y la ciudadanía.  Esta incorporación de la ciudadanía es una cuestión fundamental porqué de su implicación o no implicación depende la futura relación entre la ciudadanía, lo público y lo político.

Ciertamente, estamos viviendo una batería de intervenciones, recomendaciones y llamadas a la colaboración a la sociedad civil por parte del estado y desde las distintas administraciones e instituciones que buscan garantizar la salud pública. Pero es un hecho que estas medidas y restricciones afectan y limitan libertades de movimiento y de encuentro. También se limitan muchos usos del espacio público, de las instituciones y sobre la actividad privada. De este modo, la ciudadanía hemos visto recortadas nuestra libertad de movimiento, de relación, nuestra actividad laboral, muchas economías familiares y también nuestras relaciones personales y con todas las instituciones ya sean sanitarias, educativas, culturales, deportivas, servicios sociales, judiciales. Todas nuestras relaciones están siendo afectadas.

Sabemos que estas limitaciones y recortes son parte de la respuesta a la crisis sanitaria que nos atraviesa, pero justamente por esta defensa de lo democrático es importante ofrecer una vía alternativa también desde las instituciones públicas para dar respuesta a ese replegamiento que nos cerca y aisla. 

Es precisamente este retroceso lo que hace urgente la incorporación de medidas y recursos que sostengan nuevos espacios seguros, híbridos (presenciales-virtuales) que den un lugar activo, creativo, y co-responsable a la ciudadanía para que contribuya con su conocimiento, capacidades y valores para construir futuro y responder a los complejos retos que estamos enfrentando como sociedad. ¡No la infantilicemos!

Por tanto desde las instituciones públicas debemos trabajar y coordinarnos para abrir estos espacios de participación respecto a todos aquellos procesos que seamos capaces de generar. Ésto debe extenderse a través de ámbitos territoriales que vayan desde los barrios, a lo local, metropolitano, comarcal, regional, estatal e internacional.

También deben hacerlo a través de los distintos departamentos o ámbitos sectoriales. Todas las instituciones públicas vinculadas a Salud, a Educación, a servicios Sociales, e Igualdad, a Cultura, al Deporte y Medio ambiente, etc, han de ser llamadas a conectarse a este sistema de participación democrática e innovación ciudadana.

Todo el sistema público sería más eficaz al comprometerse con esta implicación, empezando desde las instituciones más próximas a los ciudadanos. Por tanto, en esta nueva estructura, las instituciones, que son interfaces del sistema público con la ciudadanía como son los centros de atención primaria, las escuelas, universidades, las Bibliotecas, centros cívicos, centros culturales, los laboratorios ciudadanos son esenciales. 

Pero esta estructura no puede funcionar con las viejas lógicas y operativas que tradicionalmente han sido dominantes y extractivas. Se necesitan nuevas formas de hacer que sean respetuosas con el conocimiento y competencia de la ciudadanía y sumen en los recursos y competencias de los agentes públicos, políticos y técnicos implicados que trabajan para hacer posibles las respuestas coproducidas. 

Se trata de contribuir y enriquecer al ecosistema de innovación ciudadana desde lo público promoviendo su capacidad creativa y evitando la desertización de la confianza de la sociedad civil en la administración.

Lo público necesita abrir urgentemente esos espacios híbridos a la ciudadanía para que ésta pueda sentir que es llamada a ejercitar los valores solidarios y de compromiso con el bien común. La acción colectiva no tiene por qué darse exclusivamente en forma de manifestaciones a pie de calle, también puede expresarse en procesos participativos, deliberativos y de cocreación. Podemos ofrecer vías útiles para canalizar la energía positiva, solidaria, preocupada y que ésta no se convierta en pura frustración.  

Las personas podemos sacar lo mejor o lo peor de nosotras mismas. El deseo de ocuparse de los retos compartidos también está en nuestro ADN y por eso es como la hierba, que vuelve a crecer si encuentra aunque sea una brecha que se abre en duro asfalto, o en los muros de las instituciones. Preguntemosnos ¿Qué tipo de inercias queremos alimentar desde lo público? 

Desde el inicio de la crisis del COVID-19 y precisamente por su dureza y gravedad, hemos visto y vivido cómo era posible canalizar la enorme energía generada por la preocupación y la solidaridad en formas colaborativas extraordinarias pero posibles. Porque ante la dificultad, muchas personas han salido y salen al encuentro del bien común. Y lo han hecho a cada llamada a la participación que ha sabido conectar con sus valores y que les ha ofrecido espacios de colaboración, donde en la medida de sus posibilidades, han podido contribuir a dar respuesta a los retos que enfrentamos como sociedad. 

Han sido numerosos los ejemplos a nivel nacional e internacional.  Desde los laboratorios ciudadanos hemos podido ponernos a su lado y formar parte de distintas llamadas a la acción. Entre ellos, FrenaLaCurva es una de esas experiencias memorables que ha permitido sumar fuerzas e inteligencia y que ha sido capaz de traspasar fronteras.  Desde un primer momento en Citilab nos quisimos sumar a la llamada de Raúl Olivan desde Aragón. Allí nos encontramos con compañeras de otros laboratorios, de la universidad, de la administración pública, de asociaciones, colectivos. y personas que se sumaron a sus llamadas a la colaboración: Mapeo colectivo de iniciativas ciudadanas, Laboratorios distribuidos, Mapa de ofrecimientos y necesidades, Desafíos comunes y un Festival de Frena la Curva. Fueron diversas las llamadas a la acción durante las largas semanas del confinamiento de primavera.

Fue precisamente en el marco de Desafíos comunes, cuando junto a Ricardo Antón de ColaBoraBora y Javier Ibanez de Las Naves de Valencia nos pareció importante abrir un espacio para pensar cómo sostenemos esa colaboración, y lanzamos nuestra propuesta para abrir otra acción más en el marco de FrenaLaCurva. Contamos con el apoyo del equipo impulsor y de la comunidad iberoamericana.

En muy poco tiempo, en el Colaboratorio configuramos un grupo motor comprometido: Alberto Flores de Makea tu vida, Ibai Zabaleta de Medialab Tabakalera y Marcos García de Medialab Prado, Adolfo Chautón y Josian Lorente…juntas empezamos a invitar a muchas más compañeras a participar en ese espacio para poder pensar justamente ésto:

¿Cómo mantenemos la colaboración después del confinamiento? 

Teníamos claro que nos íbamos a necesitar más allá de esa primera embestida de la crisis.  En El Colaboratorio hemos contado con más de 150 personas, que de alguna manera forman parte de este ecosistema  y que participaron para pensar juntas en articular una red que abarcase no sólo a laboratorios e instituciones. 

Vimos fundamental articular una estructura con lógica de ecosistema que sumara a los agentes de la sociedad civil, de colectivos, o personas que trabajan en la inclusión de la ciudadanía en las diversas áreas de la sociedad. Así, agentes del mundo educativo, la universidad, la cultura comunitaria, las bibliotecas, la economía social y solidaria, el urbanismo, el medioambiente, la participación, la inclusión y agentes del sector público y las instituciones, nos dimos un tiempo y un espacio para pensar juntas y destilar qué es necesario para sostener esta colaboración. 

Ahora, después de esa reflexión que ha tomado forma en la reciente publicación de “Y si nos enredamos”, lo tenemos más claro y hacemos una llamada para que desde las instituciones sea cual sea su àmbito y nivel, se apueste por la participación democrática y la innovación ciudadana.  Ahora es momento de dejar de actuar puntualmente, individualmente y al ritmo que nos marcan los acontecimientos. Es momento de mirar a los lados, organizarse y coordinarse comprometiendo estrategia y recursos. Desde el Colaboratorio proponemos federar recursos y configurar el ICOSISTEMA [Ecosistema de innovación ciudadana].

Porque además de hierba resiliente y testaruda, necesitamos jardines, parques y bosques de participación e innovación ciudadana. Si hoy no podemos ocupar los parques y plazas de nuestras ciudades para que se conviertan en ágoras, ocupemos espacios digitales. Pero aunque sea complicado, no renunciemos a los espacios presenciales, adaptémoslos, cuidémoslos,  siguiendo aquellas medidas que sean necesarias. Debemos mantenerlos y defenderlos a toda costa. 

Si ahora toca trabajar más lo digital y distribuido, hagámoslo para que, cuando regresemos a la presencialidad,  podamos recoger la cosecha. Un campo vuelve a ser más fértil tras un tiempo de barbecho. Hagamos permacultura, apliquemosla a los ecosistemas de innovación ciudadana. 

Que la participación en lo público se convierta en un círculo virtuoso a partir de la alianza con la sociedad civil es clave más allá de las urnas. Esta relación de nueva confianza puede tejerse como una nueva forma híbrida que sume los recursos digitales y de internet con el potencial de las personas. 

No caigamos en análisis ingenuos, pero tampoco dejemos crecer entre nosotras el paisaje de la catástrofe y la desolación que trae consigo la imposibilidad de planear y dar respuesta a los retos que enfrentamos.  

La defensa de lo público, como aquello que es de todas las personas, es un proyecto irrenunciable para cualquier gobierno progresista. Para conseguirlo necesitamos co-diseñar una estrategia que organice e implemente procesos que escalen los peldaños de la escalera de la participación democrática para que sus niveles dedicados a la colaboración y el empoderamiento ciudadano se conecten con el sistema de innovación para que éste incluya a la ciudadanía

  1. Articular esta estructura es una nueva política que defiende el estado del bienestar y la democracia. 
  2. Los que ya somos parte de este ecosistema desde hace años contamos con experiencia y conocimiento que hemos aprendido de aciertos y errores y que es hora de que nos organicemos y pongamos en la agenda política y  en los planes de acción de nuestras instituciones.  
  3. Esta necesidad debe traducirse en medios humanos y materiales para hacer sostenible esta nueva estructura.
  4. Estos recursos han de venir de los fondos públicos europeos y estatales, regionales, municipales para dar respuesta a esta crisis y para la reconstrucción de nuestra sociedad.
  5. Los recursos no han de ser capitalizados por las estructuras existentes, han de ser federados y capilarizar y llegar a todos los agentes del ecosistema de innovación ciudadana.

No empezamos de cero, este movimiento ya ha crecido, ha madurado y ha demostrado contar con masa crítica, potencial, utilidad y valor social, democrático y económico. Desde lo público ahora debe darse el siguiente paso.

Los laboratorios ciudadanos, los agentes de la cultura comunitaria, de la participación democrática, de la economía social y solidaria de la educación, de la salud, de la defensa del medio ambiente, del derecho a la vivienda… tod@s las que trabajamos para transformar las cosas junto a la ciudadanía, formamos parte del ecosistema de innovación ciudadana y contamos con la experiencia, conocimiento, métodos y personas capacitadas para acompañar a las instituciones públicas para poner en marcha esta nueva estructura donde la ciudadanía ha de jugar un rol central al lado de tècnicos públicos, agentes del sector privado y de la universidad de su territorio.

Existen medios y modos para dar fuerza a este movimiento que ya ha empezado y que se ha expresado claramente durante el inicio de la crisis del COVID-19 y que se está liderando desde las vanguardias ciudadanas e institucionales.  Son muchos los métodos, y formatos que empiezan por la información y la sensibilización, continúan por el diálogo, la deliberación  y  la propia innovación ciudadana.  

Tras más de una década aprendiendo en los distintos proyectos y acciones, desde Citilab entendemos que es necesario tratar a la sociedad no como una masa, sino como un sujeto  hecho de una multitud de sujetos que aportan al conjunto su diversidad y riqueza de conocimientos, saberes, capacidades y compromiso.  

Por eso en el diseño de estas estrategias y procesos aplicamos una metodología, una estrategia, una caja de métodos y tácticas que llamamos de las 3H (Head:conocimiento, Heart:comunidad, Hands: cocreación) que quiere activar al sujeto colectivo que es un ecosistema de innovación ciudadana.  Se empieza por identificar y conocer los agentes (ciudadanía, administración, empresa, universidad) y retos de un territorio. A continuación se trata de promover el trabajo con comunidades y abrir procesos de co-creación que inviten a la ciudadanía a codiseñar y prototipar en entornos reales posibles respuestas a los desafíos de nuestro tiempo. 
Para conseguirlo abrimos laboratorios vivos (living labs), laboratorios ciudadanos como espacios de experimentación, hospitalarios, seguros, ricos en herramientas, métodos y maneras donde invitar a la ciudadanía a descubrir, dialogar, deliberar,  diseñar, explorar, prototipar, equivocarse, aprender y generar conocimiento e innovación en compañía!  Y por eso también defiendo que el pensamiento computacional, de diseño, la alfabetización transmedia y los «CO» son algunas de las competencias o superpoderes ciudadanos.

Aprender a innovar debe convertirse en un derecho universal.



Este artículo forma parte del ciclo de conversatorios ¿Qué implica experimentar la ciudad? realizados como parte del proyecto en red Experimenta Ciudad realizados de manera virtual entre los meses de octubre y noviembre de 2020 con la coordinación de Grigri Projects.

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