Rasfortis & Greenmoons invitó al escenario a Young Shiva. Este, antes de saludar, colocó una camiseta a la orilla del escenario en la que se leía: «Ni por todo el oro del mundo», una de las frases que la lucha contra la minería ha popularizado en El Salvador. A este mensaje directo le seguirían numerosos comentarios afilados, algunos con ironía y otros con contundencia. Era la noche del 28 de febrero y estos artistas se encontraban para inaugurar los A2Bandas 2025 del Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV).
Para quienes todavía no se enteran, Rasfortis & Greenmoons es una de las propuestas de reggae (y derivados) con mejor espectáculo en vivo de la región. La banda tuvo a su cargo abrir la séptima temporada del A2Bandas, un esfuerzo del CCESV que fusiona grupos y artistas de diferentes géneros para conciertos en vivo. En esta ocasión, acudió Young Shiva como invitado, uno de los raperos más interesantes de la escena actual, no solo por su técnica, sino también por su punzante lírica. Así que el resultado no podía ser otro que mucho baile, mucho groove y mucha crítica social.
Rasfortis & Greenmoons es en sí una fusión. Su vocalista inició en 2011 en el mundo del hiphop y, un par de años después, en 2013, formó la banda que ahora conocemos, con énfasis en reggae, dancehall y todo lo que de estos ritmos pueda emanar. Actualmente, el grupo está conformado por Alexis Ramírez en la batería, Ever Quiñonez en la guitarra y Víctor Granadino en el bajo. Músicos experimentados que, durante la primera fecha del A2Bandas, pasaron del reggae al ska y al dancehall e incluso a un poco de jazz.
Temas como Este no es un día normal, La playa o Suelo volar fueron parte del primer set de la banda anfitriona. Canciones que no dejaron indiferentes a los asistentes, quienes poco a poco comenzaron a bailar para mostrar un destacado dominio del ska y el reggae o improvisar pasos. Young Shiva llegó con un look que distaba bastante del cliché del rapero y evocaba más la pinta de los integrantes de The Doors, imagen que no tardó en transformar en algo parecido al estilo de Robert Plant de Led Zeppelin o de Jimi Hendrix. Además de en sus letras, se permitió ser disruptivo en su imagen.
Ambos proyectos musicales encontraron ese punto en común entre el baile, la música bien ejecutada y el hiphop. Tanto Rasfortis como Young Shiva distribuyeron rimas para «despertar conciencias», como suelen decir en la jerga reggae. Compartieron temas como Rompiendo el silencio, Lírica crítica y Siémbrala. Entre estos, los comentarios de corte social apuntaron a varios objetivos: la censura y la autocensura en el arte, la corrupción, la minería y las detenciones arbitrarias. A veces entre líneas, a veces con nombre y apellido, pero siempre con una buena instrumentación.
Para la parte final, la celebración de la fusión musical y la libertad de expresión era un baile completo, y Rasfortis terminó de hacer explotar la pista improvisando con reggae panameño y puertorriqueño que incluyó clásicos de El General, Latin Fresh, Aldo Ranks y hasta Big Boy. Luego guiaron al público hacia el final de la velada con temas como María Juana y Chékate.
La crítica social de dos generaciones de músicos salvadoreños demostró que la denuncia también puede combinarse con la fiesta, y que el hiphop siempre estará en casa cuando esté acompañado del reggae.