¿Cuántas oportunidades nos regalamos para pausar y sentir? ¿Qué pasaría si de ese encuentro personal, que al final es un reencuentro con la naturaleza colectiva, surge un llamado al cambio? Estas preguntas se volvieron canción durante la entrega del ciclo de conciertos A2Bandas, iniciativa del Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV), que hizo coincidir las melodías íntimas de Manuel Contreras con el verso contestatario del rapero Nawilía el pasado 27 de septiembre de 2024, en una noche de contemplación empoderada.
De entrada, la propuesta osada de acompañar la gentileza apasionada de la trova con sensibilidades más urbanas no fue impedimento para un público entusiasta, que inmediatamente se mostró dispuesto a dejarse conmover. Manuel Contreras, esta vez en capacidad de artista principal, también dio completa bienvenida en su repertorio a una pluma en apariencia contraria a su género, pero cuya intención de resignificar las lenguas ancestrales con temáticas sociales encontró un campo fértil con una misión común: girar la atención de las audiencias hacia la raíz, no solo en la que descansan los sentimientos más profundos, sino allí donde el hilo humano común enciende el alma con el fuego de la acción colectiva.
La travesía dio inicio con algunas tonadas ya conocidas para las audiencias de Contreras: Esos días, que empapó de nostalgia el aire con sus inspiraciones bossa nova; Volver a cantar, un himno andino a la gran esperanza; o Tus cenizas entre mis manos, precedida por una lectura de poesía romántica. Pero el trovador no solo canta a lo interpersonal y es ahí donde una escucha detenida puede anticipar la vena común de los dos actos presentes: A mitad de septiembre no necesita nombrar bandos o culpables para entregar un mesurado comentario político en contra del patriotismo como propaganda que en nada empalma con una cruda realidad nacional, de la misma forma que Levedilla del agua enfatiza con suavidad ese recurso natural a través de un homenaje al flujo de la vida misma, el individuo en comunión con el alma universal.
Sorpresivo resultó el oportuno acompañamiento musical que recibió Nawiliía en su primera canción original de la noche, Tin ini tunal, un grito de indignación que encuentra respuesta en una invitación a la colectividad. La traducción de beats hiphoperos a instrumentalización estilo jazz no disminuyó en ninguna medida la cadencia en la voz del rapero: lejos de ello, acentuó el carácter expansivo del náhuat, reconocido no como una reliquia del pasado, sino como una lanza para romper la indiferencia de los corazones.
Y es que Nawilía, nombre que eligió Elías Córdova para su proyecto, pareciera engañosamente simple en su significado: «hablar náhuat». Córdova, sociólogo de profesión y con ascendencia en el occidente del país, no entra al escenario pidiendo disculpas o anticipando desinterés desde el otro lado. Córdova, más que proponente, es un evangelista agresivo de su mensaje. Su actuación logró aplausos y gritos efusivos por parte del público porque, más que un extra pintoresco, su ritmo y énfasis dejan la sensación de estar presenciando una homilía, un culto a las causas urgentes que denuncia mezclando náhuat y español. Ese espíritu no se diluiría en el resto del repertorio, que solo daría fe de la complementariedad refrescante entre dos pasiones distintas en estilo, pero hermanas en su potencia.
En Roca, por ejemplo, la imagen que dibuja Contreras de la piedra como símbolo de integridad y resiliencia sirve como caldo de cultivo perfecto para interiorizar la dignidad de los pueblos originarios frente a su centenaria represión. Los versos en náhuat dan el centro emocional y logran una armonía orgánica que explota en un clímax vital: así se convirtieron fácilmente en la joya de la velada a los ojos de una audiencia visiblemente emocionada con cada estrofa. O Lost in translation, donde una vez más la firmeza de Nawilía envuelve el sentimiento encandilado de Manuel Contreras y acentúa sus puntos emotivos. Da la impresión, un poco poética, de que Contreras es la brisa que abre todas las puertas y Nawilía, la luz del sol que rompe con la oscuridad.
Esto no significa que la trova no sea capaz de rebelarse: Con el alma no se juega, composición de Contreras que denuncia la traición fundamental de la avaricia, una traición que instrumentaliza el sentimiento popular para explotar la miseria. Esta pieza es un contendiente formidable para las rimas de Nawilía, igualmente enfurecidas a su manera.
Tampoco esto debe entenderse como que el rap no puede encontrar quietud en su impulso: con su Witzilupuchti, el rapero canaliza una rabia distinta en un acompañamiento más gentil, quizá una furia más reflexiva, pero no menos enfocada. Nawilía es de nuevo un predicador popular, que pone los puntos sobre las íes en los estragos de la precariedad y la soberanía alimentaria ancestral, acentuados por la idea destructiva de progreso.
De aquí en adelante, Contreras regresó a su repertorio con un vigor nuevo y evidente. Ya sea en la gravedad calculada de Trovadores, la alegría noventera de No me dejes caer, la gentileza de Algo de Beber y Del cuidado del jardín, el cantautor reafirma nota a nota la premeditación con que plantea su interpretación, la congruencia de sus ideales y el dominio de la voz al servicio del corazón. A tal punto las personas asistentes bebieron de este río musical que Andares, tema con inspiraciones en el rock en español y (sorprendentemente) a la Luis Miguel, que el artista atendió los clamores de «¡otra, otra!» con ¡Ay! Romero, un homenaje a la lucha social del mártir.
Más que señal de tolerancia, un mensaje repetido a lo largo de la noche por ambos músicos, estos ejercicios musicales se vuelven prueba viva de la necesidad artística y cultural de encontrar puntos comunes, tanto en nuestros orígenes y nuestras alegrías como en las injusticias que se levantan amenazantes contra la dignidad humana. La diversidad, lejos de una barrera infranqueable, se torna un ingrediente indispensable para abrazar todas las perspectivas y, así, caminar juntos hacia un futuro más brillante, más fértil. Hacia un mañana donde las melodías de todas, todos y todes encuentren su lugar.