La escena musical salvadoreña vive un momento particularmente fértil y este concierto A2Bandas ofreció una muestra clara de ello. La presentación se convirtió en un espacio de cercanía y diálogo musical; un recital en el que los músicos invitaron al público a un recorrido profundo por distintas sonoridades latinoamericanas.
La noche del viernes 31 de octubre se articuló como un viaje exploratorio cuidadosamente trazado: una expedición de reconocimiento latinoamericano a través de la música, conducida por los anfitriones de la velada, el ensamble CentroSur, y presentada en el clásico escenario de los conciertos A2Bandas en el Centro Cultural de España.
El primer detalle que nos ubicó geográficamente, al sumergirnos en los ritmos latinoamericanos, fue el cautivador bajo de Víctor Canizalez, que dio inicio al concierto con la canción Después de todo. La agrupación logró crear una atmósfera envolvente. El escenario se tornó casi onírico con la flauta transversal de Jorge Menéndez, acompañada por los solos de teclado de Daniel Guardado.
Presentaron también sus canciones Sonia, Sudamérica y Cipote, un repertorio lleno de melodías y armonías que nos situaron en Río de Janeiro, en las avenidas de Buenos Aires o Montevideo, para llevarnos finalmente hasta El Salvador.
La fusión de Rasfortis & Greenmoons redefinió el concierto. Su reggae de raíz jamaiquina y el ska enérgico expandieron la narrativa musical hacia un territorio más urbano y político. En No van a poder y Tus ojos, la voz de Gerardo Fortis impuso una presencia de resistencia, mientras la guitarra de Ever Quiñones introdujo un contrapunto técnico y emotivo, más cercano al rock progresivo que al reggae tradicional. Ya en esta nueva formación de músicos, la flauta adquirió una cualidad mesoamericana que sirvió para resignificar el sonido caribeño y anclarlo a nuestro territorio. Es en esta convergencia donde el concierto alcanza su mayor coherencia: una conversación sonora sobre identidad y pertenencia.
En esta fusión nos encontramos con músicos que hacían y deshacían la música a su gusto, jugueteando con el ritmo, acelerando y disminuyendo el tempo durante sus canciones. Enrique Gil, la voz uruguaya que da vida a esta amalgama de sonidos latinoamericanos, nos contó sobre los instrumentos de percusión y el propósito de este proyecto musical: «Mezclar los sonidos sudamericanos con los salvadoreños». Una declaración que resumió con claridad el espíritu de la noche.
CentroSur y Rasfortis & Greenmoons ofrecieron una propuesta fresca y cargada de sentido identitario. Juntos presentaron un discurso político, que toca temas sociales e incluso ambientalistas. Entre estas dos bandas, la identidad latinoamericana es un diálogo vivo.
La gala culminó al ritmo de un chachachá. Al final de la noche, nos fuimos del Centro Cultural de España con la certeza de haber viajado por todo el continente. Fue una experiencia que reafirmó la importancia de estos espacios para seguir impulsando la diversidad musical y la creatividad artística en El Salvador.