Habitar la pandemia desde lo cotidiano

María Montesino

*Imagen de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile

¿Cómo vivimos la pandemia en nuestro quehacer cotidiano y creativo? 

La pandemia me afectó de formas muy diferentes, podríamos decir que como las capas de una cebolla: familia y amigos, trabajo, colectivos en los que participo. Todas las personas estaban haciéndose preguntas en sus casas sobre lo que pasaba. Aunque se publiquen normalmente las opiniones de pensadores e intelectuales, la pandemia y el confinamiento nos puso a todos a pensar sobre lo que estaba sucediendo. 

Como productora de alimentos pude salir todos los días a realizar mi actividad al campo, lo que supuso un gran alivio. Tengo una ganadería ecológica en extensivo en alta montaña, mis animales pastan y viven en un medio abierto durante todo el año y para verlos hay que caminar por una dehesa de robles, hayas y avellanos. Una maravilla en pleno confinamiento. Tuve la sensación durante ese tiempo de los cuerpos que se exponen, los cuerpos que no pueden dejar de salir de casa frente a los cuerpos que teletrabajan, que pueden quedarse en casa.

Por otro lado, mi vida es La Ortiga Colectiva, un espacio cultural colectivo que se mantuvo trabajando desde casa en el diseño de proyectos y ediciones, algunas de ellas ven ahora la luz. Pensamos mucho desde lo colectivo cultural y también fueron necesarios descansos, algunas compañeras tuvieron que dejar de participar con tanta intensidad porque era un momento de atender muchas urgencias para todas.

Mi vida cotidiana se movía entre dos mundos muy diferentes pero complementarios: el campo y la cultura. También escribí algunos artículos para publicaciones como el eldiario.es Cantabria y https://lavoragine.net/cat/apocaelipsis/ .

¿Qué significó el confinamiento para nuestros proyectos culturales?

La Ortiga es una asociación sin ánimo de lucro, como colectivo nos afectó de muchas formas, tuvimos que aplazar la edición en papel de la revista, tener tiempo para (re)pensar, resituar algunos proyectos, cerrar otros (club de lectura presencial, encuentros, presentaciones, etc.)

Hubo una mayor dispersión de las personas colaboradoras como es de suponer, desde la necesidad de reinventar/readaptar su actividad laboral, baches económicos, cuidados, también crisis personales. La pandemia dibujó escenarios muy diversos en nuestro pequeño proyecto cultural. Aunque, como somos un colectivo que venimos del mundo de la autogestión y el cooperativismo cultural, creo que esto nos permitió resistir porque lo que nos mueve no es un intercambio puramente económico, sino toda una red de resiliencia comunitaria que siempre está presente. Por anotar algunas reflexiones compartidas durante ese tiempo:

Reflexionar sobre resiliencia comunitaria: hablamos de la importancia del tejido asociativo local, de la cultura km 0, (no significa cultural exclusivamente de lo local) Buscar alianzas con otros proyectos que están trabajando líneas comunes. A veces simplemente resistimos juntas, una manera de estar en el mundo y compartir junto a los demás.

Redes de apoyo mutuo/cooperativismo cultural: estas redes las tenía muy claras en todo lo relacionado con los procesos de producción de alimentos y las echaba de menos en determinados ámbitos de la cultura. 

Preparando el taller Rural Experimenta II promovido por Cultura y Ciudadanía del Ministerio de Cultura y Medialab Prado: este año hemos coordinado este “laboratorio ciudadano” donde participan personas de todo el Estado español con perfiles muy diversos, un taller donde todos los conocimientos y experiencias aportan. Se iba a llevar a cabo en el valle de Campo (Cantabria) aunque finalmente se tuvo que realizar online.

El arte y la cultura como antídoto. Vacuna ante el virus. 

¿Qué supone confiar o pensar en el arte como una vacuna ante este virus que se ha vuelto letal?

La cultura es un alimento necesario para la vida, forma parte de las relaciones humanas. La cultura y el arte son tensiones, expresiones, creación, impulso, conflicto. Hay muchas formas de entender, pensar y practicar la cultura. A mi modo de ver, el arte nos sitúa en la creación de imaginarios, en la posibilidad de inventar, de imaginar otros escenarios posibles. 

La cultura es el vínculo que nos permite vivir en comunidad, que nos permite tener una visión integradora de la vida, de una manera de estar en el mundo donde lo ecológico, lo político y lo social generen esa trama, esa urdimbre con la que entramos en diálogo junto a los otros.

Creo que es necesario pensar las culturas como ecosistemas donde todo está interrelacionado, donde situar la vida en el centro y tener en cuenta las relaciones con otros seres vivos, con los ecosistemas. Decidir cómo queremos vivir, cómo queremos que sea esa relación es algo totalmente cultural también y político, de la política que hacemos todos. Son interesantes las reflexiones sobre domestizar lo político, es decir, aplicar a lo político los elementos tradicionalmente propios de lo doméstico, aquellos necesarios para el mantenimiento material de la vida y sus cuidados. 

En el ámbito cultural, en los pueblos, hemos visto cómo los primeros olvidados de la pandemia han sido nuestros mayores, sobre todo mujeres, que han visto cómo se han dejado de hacer actividades en los centros culturales de sus localidades mientras los bares seguían abiertos. Es necesaria una lectura de género en estas cuestiones para contextualizar y entender las causas y las consecuencias. Las personas mayores han sido expuestas más que nadie a su soledad, sufriendo muchas durante este tiempo pérdida de autonomía y, en muchos casos, desarrollando enfermedad mental (ansiedad, depresión, etc.).

Pensar el futuro. Un tercer punto será hablar sobre nuestros contextos y las acciones posibles para superar la vulnerabilidad del sector artístico cultural. 

¿Cuáles son las formas de hacer frente a la coyuntura actual? 

Creo que estamos viviendo un cambio de paradigma, un punto de inflexión importante que nos permite repensar y redefinir maneras de hacer y de vivir. Tenemos la oportunidad de pensar en imaginarios que faciliten unas culturas entre y junto a los demás. Creo que es el momento de poner en valor la cultura comunitaria, la resiliencia comunitaria en el mundo de la cultura, favorecer las propuestas cooperativas y las ayudas mutuas.

-Desde lo rural: aquí en España se abre un escenario de posibilidades en el medio rural, creo que es importante ver cómo son esos imaginarios y prácticas aterrizadas en el territorio. En este sentido, acabo de participar en la publicación Pensar y hacer en el medio rural. Prácticas culturales en contexto, un libro-manual del Ministerio de Cultura que creo puede ser un referente de muchos proyectos en el medio rural dentro del Estado español.

-Redes colaborativas: los apoyos mutuos son fundamentales, no podemos dejarlo todo en manos del Estado, es necesario fortalecer las redes autogestionadas, la autonomía, la independencia, la libertad de crear y resistir sin el paraguas público.

¿Qué acciones se realizan en nuestros países? 

Habrá tanta diversidad de propuestas como distintos escenarios y territorios se observen. En mi entorno más cercano, he visto cómo surgían redes de cultura comunitaria (formales e informales), planes institucionales para apoyar al sector cultural y, sobre todo, la necesidad de visibilizar una demanda creciente de 

Creación de redes de trabajo colectivas: por ejemplo Urdimbre y REACC (Red de Agentes de la Cultura Comunitaria).

-Planes de “emergencia cultural”: normalmente se trata de respuestas de la administración a corto plazo para problemas que requieren reflexiones más profundas. 

En mi comunidad autónoma, Cantabria, la Plataforma de Empresas Culturales propuso una vacuna cultural que, haciendo una comparación con la búsqueda de vacuna para el Covid-19, se convirtió en un manifiesto por el derecho a la cultura que siempre es interesante leer.

¿Qué acciones realizamos con nuestros colegas para la búsqueda de respuestas en este pasillo de la incertidumbre?

Contribuir a generar espacios y tiempos de dinamización del medio rural desde la cultura, pensar juntos (grupos de lectura, encuentros, textos, conversaciones, paseos…) cualquier forma es buena para seguir haciendo cosas juntos y pensar la incertidumbre de manera colectiva. La cultura no solo surge de la llamada industria cultural, hay otras organizaciones que están (estamos) trabajando para la cultura.

En lo rural es el momento de trabajar en contextos municipales, relocalizar la cultura, desarrollar una mirada glocal y gestionar los espacios y bienes comunes tan importantes para preservar el acceso a la cultura y la cultura como derecho.

Creo que estas reflexiones se podrían resumir en la importancia del habitar entendido en un sentido social, cultural, ecológico y político. Tomar conciencia de que el mapa no es el territorio, que es necesario pensar desde lo concreto, desde la diversidad de contextos y a partir de ahí ver qué posibilidades tenemos de tejer redes de cultura comunitaria. Creo que deberíamos proponer a partir de modelos de co-gobernanza que son el fermento para continuar la siembra de culturas críticas. El medio rural es, sin duda, un escenario posible para pensar imaginarios de futuro sostenible, de convivencia con el ecosistema natural, cultural, social. Y de una vida habitable para todos y todas.

El texto forma parte de la mesa LOS CUIDADOS. EL ARTE Y LA CULTURA COMO ANTÍDOTO / VACUNA ANTE EL VIRUS realizada el viernes 23 de octubre en el marco del seminario Intersecciones Vol. 2. Repensar desde El Salvador las relaciones entre cultura y desarrollo en tiempos de pandemia. 

El CCESV/lab es un espacio virtual de pensamiento, creación e innovación del Centro Cultural de España en El Salvador.

Este espacio nace como una extensión natural de nuestro trabajo de promoción y fortalecimiento de la cultura y está concebido como un espacio de encuentro, diálogo y debate, para fortalecer la investigación, el análisis y el pensamiento crítico.

El CCEVS/lab se plantea como un lugar de creación de redes y de nodos de encuentro entre los agentes culturales de El Salvador, España e Iberoamérica, siempre para posicionar la Cultura, en su dimensión vinculada al desarrollo, como un aspecto esencial y un bien común necesario de nuestra sociedad para poder imaginar y proyectar un mundo futuro más justo, igualitario y sostenible.

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El Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV) abre sus puertas al público en 1998. Desde entonces se ha convertido en uno de los referentes de la cultura, del arte, del desarrollo y la libertad de expresión en San Salvador. Es, además, un importante agente cultural para el intercambio y el diálogo a nivel centroamericano e iberoamericano, ofreciendo alternativas para luchar contra las desigualdades y a favor de la identidad, la memoria y la diversidad.

Desde 2001 se buscó la descentralización de actividades, efectuando exposiciones, conciertos y teatro en otras ciudades del país. Ese mismo año se realizó la ampliación del Centro con obras de adecuación y construcción de una segunda planta.

Situado en la Colonia San Benito en San Salvador, el CCESV dispone de un espacio de una sala multiusos para exposiciones y actividades, una radio on line y una mediateca; además de un patio exterior para actividades al aire libre.