Un grupo de músicos de mediana edad, liderados por una artista, ofrecieron una de las mejores cátedras de cómo se ejecuta el rock en directo el pasado 30 de julio en el A2Bandas 2024 del Centro Cultural de España en El Salvador. La lección fue impartida por Pamela Robin, decidida a revelar lo mejor de su catálogo y lo bien que todo funciona cuando hay talento y disciplina.
Con cinco álbumes, una carrera de más de dos décadas y el hecho de ser una de las pocas mujeres que ejercen como iconos musicales en el país, a Pamela poco le queda por demostrar. Sin embargo, esa noche recordó a quienes asistieron al show que estuvo oficiando por qué lo suyo es el rock, el pop sofisticado y la música en directo.
Pamela domina el manejo de energías, tanto la suya como la del público. Es capaz de hacer entrar a la audiencia en la intensidad del tema que eligió para abrir la noche, Caí, y también en la calma de una balada como Tú. Los músicos estuvieron a la altura, con una dirección impecable y una ejecución categórica, que daba cuenta de un profesionalismo poco visto en estas sesiones.
En otras palabras, la contundencia y el talento musical no se tradujeron en una presentación mecánica y aburrida, sino en el complemento perfecto para todos los ambientes emocionales por los que Robin navegó en el escenario.
El primer bloque, compuesto por unas 10 canciones, fluyó entre aplausos y el reconocimiento del público, con seguidores acérrimos que coreaban cada uno de los temas seleccionados.
La banda invitada de la noche, Soulphilia, no desentonó con el ambiente de pop rock en directo. Más bien, actuó como una extensión excelente de esa atmósfera, con dos grandes músicos, Ricardo Moreno y Josué Valle, que se integraron sin problema a la alineación de Pamela. En la voz, una joven cantante que ya ha hecho méritos en la música local para tener nombre propio: Nadine Masri. Los tres se compaginaron en la fusión de temas como Untitled y Caso demencial. Además, esta vez, el código fue compartido entre Pamela y Nadine, quienes derrocharon presencia y expresión en el escenario.
Si se tratara de herencias musicales, aunque resulten indirectas, Soulphilia emerge como uno de esos proyectos que son posibles gracias, en parte, a las puertas que décadas atrás abrió Pamela Robin en un escenario mucho más hostil para todo lo que no destilara testosterona. Ahora, Nadine, junto a su banda, hace lo propio y da nuevos colores a la historia musical de las mujeres en este país.
Pamela sabía que buena parte de los asistentes eran seguidores incondicionales, por lo que para el final reservó hits, pero también cortes para conocedores. Eso sí, el cierre se organizó para que cada una de las personas presentes coreara Es tan difícil.
Pamela sabe que su presencia no pasa desapercibida. También conoce lo inestable y frágil que es la escena musical salvadoreña, en particular la alternativa. Sin embargo, lo enfrenta como si cada espectáculo fuera el más importante de su carrera. Demuestra que uno de los caminos hacia la consolidación artística consiste en exponer el talento y el corazón en cada tramo.
Y es que Robin no es solo una intérprete. Es una fuerza creativa que ha dejado una marca indeleble en la escena musical salvadoreña. Su capacidad para reinventarse con cada álbum, explorando nuevas sonoridades sin perder su esencia, la ha convertido en un referente ineludible para las nuevas generaciones de músicos. Con un estilo que combina la autenticidad del rock con la sofisticación del pop, Pamela no solo canta, sino que cuenta historias que conectan profundamente con su audiencia. Por eso sigue siendo una figura crucial en el panorama artístico del país.