Tiempos de confinamiento

Alexander Córdova

*Imagen de Archivos de una Pandemia. Autor Christian Eugenia Calderón Montaña.

Luego de los primeros 15 días de cuarentena domiciliar perdí la noción del tiempo. Esa percepción que todos los días eran domingos era abrumante. Querer terminar un fin de semana que cada vez se estiraba más y más, fue abrumador. Al principio, abrigaba esa sensación de vacaciones merecidas porque las reglamentarias no son nunca suficientes. Luego llegó la ansiedad de hacer cosas caseras que dejaste pendientes. Un mes más tarde sólo había espacio para la procrastinación y esperar las cadenas nacionales de radio y televisión. 

La vida productiva se detuvo. De un día al otro encontramos los teatros, parques arqueológicos, museos, centros culturales, casas de la cultura, escenarios alternativos y plazas públicas cerrados.  La prohibición de todo tipo de reunión con más de 100 personas, el cese de todo proceso artístico formativo o creativo, la interrupción de proyectos en implementación que proponga contacto físico, la suspensión de carteleras y eventos artísticos, así sucesivamente una larga lista de limitantes en torno a prohibir encontrarnos unos con otros.

Sucesivamente llegaron múltiples decretos gubernamentales de confinamiento obligatorio o voluntario, generando como consecuencia la restricción del derecho a libertad de movilidad. Una medida drástica que supone interrumpirlo todo buscando contener la gripe mortal latente, para priorizar que continúe la población saludable. Una situación complicada de asimilar teniendo en cuenta el cierre total de los espacios de socialización para cualquier persona, a excepción de los lugares para el abasto de alimentos y medicinas.

Bajo este contexto de pandemia COVID-19 se nos impone en una situación interesante en la gestión cultural: repensar las formas y modos de continuar sin perder la esencia de la diversidad, la inclusión y el compromiso sociocultural, en las diferentes iniciativas que estaban sosteniendo antes del confinamiento. Sostenerlas en tiempos “normales” ya generaba una serie de dificultades a sortear y niveles de riesgo a mitigar con el fin de alcanzar los resultados propuestos. 

Si observamos el panorama de la emergencia sanitaria del mundo y del país es fácil pronosticar tiempos difíciles, tanto para proyecto culturales centralizados o en los territorios,  de carácter gubernamental, no gubernamental o independiente. Se pronostican menos fondos para cultura – una constante histórica en el presupuesto gubernamental para este sector- pues la prioridad será implementar medidas de contención y mitigación para frenar la pandemia entre la población, es decir, procurar la salud pública. 

Pero la creatividad tiene una llave maestra que permite abrir puertas a soluciones o aportar a las posibles soluciones desde la cultura.

Desde el encierro se gestan ideas en el campo de las artes desde lo virtual y en complicidad con el trabajo colaborativo de artistas independientes, gestores culturales, colectivos artísticos, fundaciones o asociaciones que promueven iniciativas culturales. 

Retomar virtualmente procesos iniciados desde los presencial puede ser frustrante para todas las partes involucradas en un proceso creativo. A esto podemos sumarle la resistencia al cambio abrupto de hacer las cosas. En el caso de la población migrante digital versus a la población nativa que navega cómodamente en todas las redes sociales y plataformas digitales existentes en internet.  Es allí donde comienza a surgir luz a través del túnel y despuntan algunas formas de resolver la salida a “campo abierto”.

A esta fecha podemos enumerar diversas formas creativas de mantener las iniciativas culturales a flote. En este contexto se inician el aprendizaje virtual, bajo la modalidad sincrónica y asincrónica, de diversos procesos de formación en diferentes disciplinas artísticas. En diferentes formatos podíamos recibir en clases de música, danza, teatro, gestión cultural, nuevas herramientas digitales para la creación artística, dibujo y pintura, producción audiovisual, entre muchas otras propuestas a las que acostumbran a ofertar en modo presencial. 

En un momento teníamos a nuestro alcance en nuestro teléfono móvil o en el ordenador una variada oferta de consumo cultural, tanto de producciones en bellas artes como de creaciones artísticas de base comunitaria. Una envidiable cartelera nacional de espectáculos escénicos en formato “Live” o en archivo audiovisual de manera gratuita o a bajo costo para lidiar con el tedio de la sentencia “Quédate en casa”.  Los conciertos y recitales en línea no se quedaron atrás. Lo importante de todo esto es que la modalidad no efecto la calidad.

En algunos casos se extrañaba la necesidad de lo presencial de algunos formatos que obviamente se disfrutan más frente a un escenario acompañado de otros espectadores, esa cercanía con el momento creativo y la atmósfera del espacio en donde se desarrolla. Y no faltó la crítica de creadores sobre si esto se podía considerar un hecho artístico bajo la lupa de la diversidad de métodos o formas de crear. 

Asimismo, notamos de manera inmediata una explosión en redes sociales de múltiples conversatorios o foros con temáticas que abordaban  diferentes áreas de la cultura y el arte propuestos desde diferentes colectividades. Tertulias amenas en donde voces nacionales compartían sus inquietudes y proyectos con participantes de diferentes latitudes poniendo en agenda temas pertinentes al quehacer cultural frente a la pandemia.

En estos espacios de diálogo se logró conocer de experiencias territoriales muy interesantes dentro del universo cultural nacional; resultado de esfuerzos y procesos locales pertinentes y con buena calidad. Con agendas participativas claras y propuestas de solución utilizando todas las sinergias patrimoniales, artísticas, de derechos humanos, de memoria histórica, pueblos originarios y afrodescendientes, en fin una diversa lista que a pesar de contexto adverso por la medidas implementadas por la CODVID 19 se mantienen vigentes.

Una de las preguntas que resuena en la cabeza de las y los creadores, artistas y gestores culturales es ¿Qué hacer frente a esta situación generada por las medidas sanitarias por la pandemia? La idea de continuar con todos los procesos e iniciativas artísticas-culturales frente a una modalidad que propone el distanciamiento físico, la cotidianidad del uso de la mascarilla, las limitantes para el acceso a los espacios públicos, la cuarentena voluntaria junto a la incansable necesidad de frotarse las manos con alcohol. 

Por otro lado, el ser humano desde la perspectiva psico-bio-social de retornar a su estado de normalidad acostumbrada y la necesidad intrínseca de retornar a los espacios de socialización y volver a convivir con una cotidianidad menos letal. Disminuir el temor de visitar un museo, un teatro, un cine o un parque y disfrutar de un cartelera híbrida entre lo virtual y lo presencial. Además de la certeza que nuestro quehacer puede proporcionar un antídoto en esta delicada situación de salud pública. 

Bajo este contexto, que está ocasionando deterioro en el manejo de las emociones de las personas podemos utilizar el arteterapia, y sus diversas herramientas que propone esta combinación de disciplinas, en la sanación colectiva luego de un estadío difícil de asimilar para todas y todos.  Volver a escuchar un concierto al aire libre, disfrutar de un espectáculo teatral o dancístico en una plaza pública, visitar los museos a cielo abierto, de modo de avanzar reinventando las modalidades de producción y volviendo paulatinamente a la normalidad.

Es importante continuar con los diferentes procesos formativos que permitan nuevamente la reorganización de la colectividad y la dinamización del aprendizaje artístico formal y no formal. Es necesario que se retomen y continúen con estas iniciativas en los territorios y potenciarlos. No debemos perder de vista ese caudal infanto-juvenil de talento que está presente a todo el país. 

Retomar las tradiciones o conmemoraciones de índole cultural que se truncaron por el contexto y en especial aquellas que estaban en proceso de preservación ante la indiferencia de la memoria oficial, en especial las determinadas desde los pueblos indígenas y afrodescendientes que aportan al país una riqueza más diversa y multicultural. Hay que buscar creativamente todo tipo de alternativas para continuar. Es desatinado detenerlo todo. Se debe continuar con la certeza que las propuesta son empáticas con las necesidades de este momento.

En una coyuntura como esta se debe redefinir cada estrategia. Las políticas públicas destinadas a la dimensión cultural deben repensarse para esta nueva realidad.  Será la habilidad del manejo de lo virtual y lo presencial la clave que facilite continuar con la dinámica que se había estado promoviendo y potenciando desde cada sector de la cultura. En esa hibridación en los modos de producir esta la solución mientras se encuentra un alivio definitivo a lo sanitario.


Reflexión realizada tras el conversatorio: el arte y la cultura como antídoto. Vacuna ante el virus en el que participaron como panelistas María Montesinos, Jorge Melguizo y  Alexander Córdova, moderada por Marlen Argueta. 

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