3Ramas del Árbol + La Cookie 503: El trance entre lo ancestral y lo urbano en A2Bandas

Hay una tensión particular entre la experimentación elaborada y el poder directo de lo cotidiano: dos formas de entender el tiempo, el cuerpo y el territorio que, lejos de anularse, pueden encontrarse en un mismo pulso. Cuando la música enlaza dos maneras tan distintas de ver el mundo, aparece un escenario intermedio, casi hipnótico, donde los sonidos pueden abrir paso a una nueva médula emocional que todavía no tiene nombre.

Ese fue el trance que propuso A2Bandas el viernes 25 de septiembre en el Centro Cultural de España en El Salvador, con el encuentro entre 3Ramas del Árbol y La Cookie 503. Por un lado, el dúo integrado por Marcial Amaya y Frank Lozano llevó su fusión instrumental de jazz, rock, psicodelia y new age, acompañada por instrumentos como el didyeridú de corteza de árbol. Por otro lado, La Cookie 503 (la cantante Damaris Mineros) aportó la voz de una nueva escena urbana y alternativa salvadoreña, marcada por una identidad contemporánea, sensibilidad y carácter.

3Ramas del Árbol comenzó desde un lugar casi ritual. La Intro funcionó como una invocación sonora, con instrumentos de resonancias prehispánicas y una atmósfera sombría que parecía preparar al público para entrar en otro estado de percepción. La guitarra de Amaya guiaba ese paisaje al tiempo que el didyeridú de Lozano introducía una dimensión terrosa, primitiva, difícil de separar del imaginario del bosque y de la ceremonia. Nefertiti desplazó ese misterio hacia un territorio más cálido, con influencias del country y el blues, mientras que Sueños convirtió esa exploración en un trance gentil y progresivo, complejo en su estructura pero discretamente sorprendente.

La primera aparición de La Cookie 503 junto a 3Ramas llegó con Callejón sin salida, y allí el diálogo encontró una de sus formas más interesantes. La instrumentación del dúo otorgó autoridad y textura a la declaración de la cantante, cuya su voz funcionaba como guía dentro de un paisaje que parecía dibujar una versión existencial de San Salvador. La ciudad aparecía como un espacio que consume, acelera y encierra, donde la fiesta puede convertirse en una de las pocas formas de escapar de aquello que se vuelve demasiado pesado.

Replay, una canción inédita de La Cookie 503, cambió la temperatura hacia una nostalgia suave y gentil. El arreglo de 3Ramas encontró en ella un espacio para experimentar sin sobrecargarla, mientras Christian Zepeda, guitarrista invitado de La Cookie, aportó calidez a sus intervenciones. Con Bubalú, esa convivencia adquirió un matiz más contemplativo: una canción de amor recibió sabor latino y cierta amargura, para añadir una capa de madurez que modificó su lectura sin borrar la identidad de la cantante.

Bálsamo llevó esa sensación hacia un terreno colectivo. Mientras el público ondeaba banderas de El Salvador, la canción hablaba de construir caminos y perseguir sueños en medio de un mundo que no se detiene. En el centro estaba ese conflicto entre lo que se anhela y aquello que realmente parece posible, una tensión particularmente reconocible en un país donde muchas veces los proyectos personales y colectivos chocan contra la sensación de que todo cuesta demasiado. El vals y la balada construyeron un movimiento hipnótico y La Cookie apareció aquí desde un registro más gentil, casi suspendido sobre la instrumentación.

El cierre llegó con La Party, una reinterpretación nocturna de una canción asociada a la fiesta que, en manos de ambas propuestas, terminó convirtiéndose en algo mucho más extraño e introspectivo. La pieza avanzó en dos movimientos: primero, con un carácter extático y exótico; después, con una lucidez que parecía surgir tras atravesar el trance. La calma finalmente cedió ante las percusiones, que devolvieron la canción a un espacio tribal, caótico y corporal.

Quizás ahí estuvo la clave de la noche. 3Ramas del Árbol no funcionó solo como acompañamiento para La Cookie 503 ni ella como una voz invitada sobre una banda experimental. El verdadero encuentro ocurrió cuando sus lenguajes comenzaron a modificar la percepción de las canciones. Los instrumentos, la exploración psicodélica y la improvisación dialogaron con la música urbana, la experiencia de la ciudad y una voz profundamente contemporánea.

De entre las comuniones de opuestos surge una transformación progresiva: del misterio al reconocimiento, de la nostalgia a la contemplación, de la ciudad al cuerpo. Puede ser que dos géneros, dos perspectivas distintas, realmente hablen el mismo lenguaje de origen. Encuentros como los promovidos por A2Bandas evidencian que juntar dos propuestas significa crear las condiciones para que aparezca una tercera raíz, un corazón común que ninguna de las dos podría haber construido por separado.

Utopía Km-0 y Adónde está Fran?: Dos melodías abrieron mil posibilidades en A2Bandas

El encuentro entre dos propuestas musicales distintas puede convertirse en algo más que una suma de sonidos: puede abrir un espacio de diálogo donde cada identidad conserva su carácter, pero también encuentra nuevas posibilidades al entrar en contacto con la otra. En ese intercambio, las diferencias no funcionan como fronteras, sino como puntos de partida para ampliar el lenguaje de las canciones.

Eso fue lo que ocurrió el 4 de septiembre de 2026 en el Centro Cultural de España en El Salvador, durante una nueva fecha del ciclo de conciertos A2Bandas protagonizada por Utopía Km-0 y Adónde está Fran? Ambas propuestas encontraron en la colaboración una forma de expandir sus propias percepciones sobre la realidad, la vida y el amor.

Desde San Vicente, Utopía Km-0 llegó con un repertorio construido alrededor de letras de contenido social, canciones inéditas y una tradición acústica que se mueve entre la trova y la balada pop. El circo abrió el concierto desde un lugar de inconformidad existencial y social, pero sin quedarse atrapado en ella: detrás del desencanto aparecía una voluntad persistente de continuar. Tan solo un sueño llevó esa inquietud hacia un pop rock de la década de los años noventa, mientras que En un gran espacio amplió el paisaje hacia el rock y el grunge.

La primera colaboración con Adónde está Fran? llegó en Como tú y yo, una despedida que en realidad es un ruego y que halló en la balada pop un vehículo para hablar del deseo de amar y ser correspondido. La transformación fue todavía más evidente en Tus fotos, uno de los momentos más logrados de la noche: la nostalgia por una relación pasada encontró una melodía fresca y particularmente pegajosa, un bajo satisfactorio y una voz invitada que aportó suavidad y una textura contemporánea. En Me cansé, la colaboración adquirió mayor contundencia. Ahí el hartazgo y la furia de la composición descubrieron en los nuevos arreglos una sofisticación que añadió potencia y elegancia sin diluir su carácter.

De regreso al repertorio de la banda anfitriona, Ella devolvió el concierto a su dimensión más narrativa. La canción es una oda a una mujer que enfrenta circunstancias económicas adversas y ejerce trabajo sexual: su fuerza reside en acercarse a una realidad compleja desde la canción. Después, Lejos de aquí, de inspiración reggae y ska, cambió el ánimo hacia una invitación a disfrutar, para demostrar la amplitud de un repertorio capaz de pasar de la denuncia a la celebración sin perder coherencia.

El segundo bloque comenzó con una reveladora introducción de trova contemporánea. Dónde continuó ese recorrido antes de que El mundo feliz recuperara el rock noventero y lo cruzara con la trova. La canción retomó una de las ideas recurrentes del repertorio: persistir frente a la dificultad. Más que prometer soluciones, su narrativa insistía en la posibilidad de continuar.

La colaboración volvió a ocupar el centro con La luna. Las baladas románticas y de tendencia poética demostraron ser uno de los territorios más naturales de Utopía Km-0, mientras que los elementos modernos de Adónde está Fran? proporcionaron un sustrato rítmico y tímbrico distinto para canalizar ideas profundamente románticas. En Ella, la fusión adquirió todavía más intensidad: los nuevos arreglos agregaron pasión, complejidad y una angustia más urgente y así trasladaron la canción hacia un paisaje más citadino sin disipar el conflicto de su protagonista.

Beso de sal volvió a la balada y a las referencias del rock latino, con una sensibilidad con reminiscencias a La Ley, y Ódiame se internó en la tradición de la canción de autor latinoamericana, con ecos de Ricardo Arjona y Silvio Rodríguez. Sofía presentó una añoranza distinta: más tranquila, extrañamente luminosa, construida como una carta. El cierre del repertorio original llegó con AfP, en la que Utopía Km-0 se permitió una faceta más desenfadada: las influencias del rock y el blues acompañaron una canción sobre beber para olvidar la precariedad del futuro.

Finalmente, ambas propuestas cerraron con Vasos vacíos, de Los Fabulosos Cadillacs. La elección funcionó como una síntesis natural de la noche. Una canción capaz de reunir melodía, ritmo, melancolía y celebración, justo en el punto en el que las dos bandas habían terminado encontrándose.

El transcurso de la velada demostró que una colaboración no tiene que borrar las diferencias entre sus participantes para funcionar. En este caso, ocurrió exactamente lo contrario. La riqueza de la noche estuvo en esa conversación: dos realidades musicales distintas no se encontraron para hablar el mismo idioma, sino para descubrir cuánto podían decirse entre sí. Iniciativas como A2Bandas propician no solo la concreción de estos diálogos artísticos, sino que representan una oda a la pluralidad en una sociedad, como la salvadoreña, que muchas veces teme a lo distinto.

La Sociedad de Música de Cámara y Vudu Boy coronaron el eclipse lunar bajo el volcán

La energía de los eclipses es rara. Una noche de viernes en eclipse lunar puede sentirse como el cierre de un gran caos emocional. Arrastrando la noche en plena resaca de emociones, me preparé para la sesión A2Bandas entre La Sociedad de Música de Cámara y Vudu Boy. Realmente ese 28 de agosto no estaba lista para lo que iba a escuchar en el Centro Cultural de España en El Salvador. Aclaro que esta reseña va en primera persona porque la experiencia fue profundamente propia.

La sesión inició con Eine Kleine Nachtmusik de Mozart, interpretada en su escala original con una versatilidad que hacía parecer fácil ese ejercicio. Los cinco músicos parecían no solo concentrados sino también cómplices de un espectáculo digno de un público exigente, aunque los que parecían exigirse eran ellos mismos. Los demás simplemente nos sentamos absortos a contemplar la ejecución de un clásico inmortal. De pronto, mis sobresaltos de la semana fueron perdiendo foco y dimensión y me sentí pequeñísima frente a aquel océano musical de historias no contadas. ¿Quiénes más habrán escuchado esto antes de mí y quiénes lo escucharán después de que yo y mis ínfimos problemas desaparezcamos de esta tierra?

El tango Por una cabeza de Carlos Gardel fue la segunda pieza de la sesión. A este punto, la energía caótica de la semana había dejado de hacer eco en mi propia mente y mi cabeza se llenó de imágenes cinematográficas al azar. Una carrera de caballos, la imagen de un campo verde bajo el sol. La Sociedad de Música de Cámara y cada uno de sus integrantes demostraron ser verdaderos alquimistas del sonido, transformaron el espacio en un escenario sinestésico con una calidad digna de admirar.

La Sociedad de Música de Cámara es un colectivo de músicos salvadoreños fundado en el año 2022. En su página web consignan: «Creemos que cuando un músico interpreta lo que genuinamente le llena, eso se transmite». No puedo estar más de acuerdo. Esa noche de viernes, Miguel Berganza, fundador del colectivo, se encargó de guiar al público por el recorrido musical explicando cada una de las piezas que iban interpretando.

Para las siguientes dos canciones, Miguel llamó al escenario a Víctor Interiano, la mente y la voz detrás del proyecto musical Vudu Boy, un artista de música folk con el que confabularon la recreación de otras dos piezas musicales. Las canciones elegidas fueron Memento Mori y Bajo el volcán. Para la primera, Interiano explicó que se inspiraron en la idea de la muerte y en cómo resignificarla puede convertirse en una verdadera motivación para vivir y disfrutar el tránsito por este plano de la existencia.

Por otro lado, Bajo el volcán se erigió en la verdadera estrella de la noche. La letra de la canción equivale a una declaración de amor en una ciudad que vive acechada por un volcán dormido, pero no por eso menos imponente. «Todo lo que sucede en esta ciudad sucede bajo el volcán», se escuchó decir al intérprete que experimentó un renacimiento con el arreglo del quinteto. La fusión le dio a esta canción una dimensión tan profunda que hasta pareció cinematográfica, una canción que podría inspirar o acompañar con facilidad a una película independiente ambientada en San Salvador.

Para continuar, el quinteto interpretó dos composiciones del violinista mexicano José Elizondo, Otoño en Buenos Aires y Pan de azúcar, inspiradas en géneros musicales como el tango y la bossa nova. Miguel Berganza expresó su gusto y admiración por los temas de Elizondo, además de resaltar la importancia de los compositores latinoamericanos.

Para finalizar el recorrido, Víctor Interiano subió una vez más al escenario para, junto con el quinteto, coronar la noche del eclipse interpretando Libertango, una creación instrumental del músico argentino Astor Piazzolla. Interiano le puso a ese tango el sello de su poética folk y recitó:

«Esta vez no tienes que escapar.

Tus ojos me dicen que hay algo más.

La noche observa en la oscuridad.

Tus brazos alcanzan hasta no ver.

La luna se enciende velándote.

Un lobo aúlla al amanecer».

Y, así, esta fusión a dos bandas cerró la última noche de viernes de agosto para dejar a un público emocionado y un show que definitivamente será recordado en el Centro Cultural de España no solo por su calidad, sino por su versatilidad y adaptabilidad a los diferentes estilos, géneros y sonidos latinoamericanos.

Dennis Mena y Mr. Martens Sound: el calor de la alegría iluminó A2Bandas

Hay expresiones musicales que buscan impresionar desde la complejidad y otros que encuentran su mayor virtud en el entusiasmo sin filtros. La energía vital humana destilada en sus elementos básicos, en un entendimiento profundo de cómo la música no es un aparataje técnico, sino una milenaria comunión de corazones en la noche profunda de la existencia.

El encuentro entre Dennis Mena y Mr. Martens Sound del pasado 26 de junio, como parte del ciclo de conciertos A2Bandas, perteneció sin duda al segundo grupo. Bajo una lluvia persistente que no logró disuadir a un público sorprendentemente fiel, ambas propuestas construyeron una celebración donde la alegría nunca se sintió ingenua ni impostada. Al contrario, la noche dejó claro que la felicidad que genera comunidad existe en un reino de componentes elementales.

Por un lado, Dennis Mena, cantautor, compositor y productor santaneco, cuya propuesta mezcla pop con ritmos urbanos y latinos, consolidada en trabajos como Wine (2019), Gourmet (2022) e Internet (2024). Por el otro, Mr. Martens Sound, una de las agrupaciones de ska fusión más consistentes del país, capaz de moverse entre el reggae, el rocksteady, la cumbia y el punk sin perder identidad. Sin embargo, bastaron unos minutos para comprender que ambos proyectos compartían una misma convicción: hacer de la música un espacio donde la gente pudiera encontrarse sin pretensiones, desde el goce.

Fueron precisamente los Martens, como invitados, quienes recibieron al público con Maldición gitana, una descarga de ska que disipó el frío de la lluvia desde el primer compás. La banda sonó enfocada y precisa, para demostrar que el desenfado no está reñido con la disciplina musical. Amor Rudeboy mantuvo esa energía con una melodía tan poderosa como entrañable, capaz de equilibrar pasión y contención sin perder el impulso bailable.

Con This Is Ska, el grupo hizo una auténtica declaración de principios. La canción construyó un ambiente de expectativa permanente, alternando tensión y relajación con naturalidad, como si preparara el terreno para la colaboración que definiría buena parte de la noche.

Ese momento llegó con Realidad, en el que apareció Dennis Mena para transformar el carácter de la pieza. Su voz aportó luminosidad inesperada al sonido de los Martens. En medio de guitarras robustas y de un saxofón vibrante, la calidez de Mena pareció abrir un claro entre la lluvia. Convirtió una canción sobre la dureza cotidiana en una promesa de amanecer y en una de las fusiones más logradas del concierto.

La transición hacia los temas Llevarte y Contigo mantuvo ese espíritu. La mezcla entre ambas propuestas encontró un punto de equilibrio donde el ska funcionó como refugio emocional: una invitación a dejar atrás la tristeza y abrazar la compañía como respuesta a la incertidumbre.

Cuando comenzó el bloque de Dennis Mena, acompañado todavía por Mr. Martens Sound, el escenario cambió de color sin perder continuidad. Kétchup introdujo una melodía juguetona y ligera que evidenció el talento del cantante para construir estribillos memorables. Los arreglos de los Martens añadieron cuerpo y dinamismo a una composición deliberadamente sencilla.

Con Pastel, ambos vocalistas parecían disfrutar del escenario como dos amigos improvisando en una fiesta. Dennis confirmó una de sus mayores fortalezas: una sensibilidad pop extraordinaria para escribir melodías que permanecen en la memoria mucho después del concierto. Hay algo genuinamente encantador en su presencia escénica; detrás de su apariencia reservada emerge un artista seguro de sí mismo, capaz de transmitir entusiasmo sin caer en la exageración.

La despedida de los Martens llegó con Aguacate, otro tema perteneciente al universo gastronómico de Gourmet, la apuesta más reciente del solista. La canción, sostenida por un aire reggae y sutiles guiños al blues, demostró que incluso las letras más sencillas pueden encontrar precisión emocional cuando están interpretadas con honestidad. El público respondió con la misma simpatía con la que Dennis parecía entregarse al escenario.

Ya en solitario, el cantante mantuvo el impulso sin necesidad de grandes artificios. Super Poder reveló quizá la esencia de su propuesta: metáforas simples, optimismo sin cinismo y una confianza contagiosa en la posibilidad de disfrutar la vida. Resultó refrescante encontrar a un artista que hace de la felicidad un gesto auténtico y no una pose.

Navegar mostró otra faceta de su trabajo. Detrás de la aparente ligereza apareció un showman con notable resistencia escénica, capaz de sostener la atención del público con pequeños gestos y una interpretación constantemente comprometida. El apoyo instrumental permitió que la canción creciera sin perder intimidad.

En Xfa Mor, esa refinada intuición pop volvió a hacerse evidente. Dennis parecía completamente entregado a su propio disfrute, y esa libertad terminó contagiando a la audiencia. Sus canciones entienden el ritmo emocional del público: saben cuándo contenerse y cuándo invitar a soltarse.

Uno de los momentos más interesantes llegó con Tú no, donde una ingeniosa interpolación de Abandonado de King Flyp inyectó humor y complicidad a una canción sobre la desolación amorosa. El sabor latino de la composición y los discretos detalles de guitarra demostraron que incluso el dolor puede interpretarse con una sonrisa cómplice.

Con Internet, uno de sus sencillos más recientes, Dennis exploró una sensualidad más pausada. La canción avanzó con calma, revelando nuevas capas sin perder el carisma que atraviesa toda su propuesta. Fue una pequeña sorpresa dentro del repertorio que confirmó que, detrás de su aparente sencillez, vive un compositor atento a los matices.

El cierre llegó con Quiero y Conexión, dos canciones en las que el romanticismo directo dio paso a una mezcla de reggae y cumbia cargada de ritmo. La última dejó la sensación de un fruto maduro ―intensa, cálida y generosa― y reveló que Dennis Mena necesita muy poco para destacar cuando confía plenamente en su propia voz.

Al finalizar la noche quedó claro que la unión entre Dennis Mena y Mr. Martens Sound no buscaba sorprender mediante estados de ánimo similares, sino recordar algo mucho más sencillo y, quizá por ello, más difícil de conseguir: que la alegría compartida sigue siendo una de las formas más honestas de construir comunidad. Bajo la lluvia, entre metales, guitarras y melodías luminosas, el público encontró justamente eso: un espacio creado por la iniciativa A2Bandas en el que celebrar juntos parecía el acto más natural del mundo. Espacios llenos de humanidad que prueban ser cada vez más necesarios en tiempos oscuros y divididos como los nuestros.

Cuando los opuestos se encuentran: Adónde está Fran? y Pseudo Idols en A2Bandas

Hay combinaciones arriesgadas que, contra todo pronóstico, resultan irresistibles. Como el dulce con el picante o el café con licor, el encuentro entre Adónde está Fran? y Pseudo Idols mostró que los contrastes pueden coexistir, complementarse y crear algo completamente nuevo. El pasado viernes 29 de mayo, el Centro Cultural de España en El Salvador fue el escenario de un nuevo encuentro de A2Bandas, una iniciativa que invita a proyectos musicales diferentes a salir de su zona de confort y reinterpretar sus canciones desde la perspectiva del otro.

La noche comenzó con una introducción que sirvió como llamado existencial. Una voz grave invitó al público a cuestionarse su lugar en el mundo: «¿A dónde estoy yo? ¿En todos lados o en ningún lugar a la vez?». La búsqueda de sentido, decía el mensaje, nunca termina. Luego, aparecieron los acordes etéreos de una guitarra que dieron paso a Isla Bach y abrieron una presentación que navegó entre la introspección y el disfrute.

Temas como Tus fotos, Bella, Pero hoy y Nameless mostraron la esencia de Adónde está Fran?, una propuesta de melodías envolventes, sensibilidad lírica y voz suave y onírica que logra crear atmósferas íntimas sin perder conexión con el público. La dinámica de A2Bandas alcanzó su punto más interesante cuando ambas agrupaciones comenzaron a intercambiar identidades sonoras. El indie rock de Adónde está Fran? se mezcló con la profundidad pospunk y los matices psicodélicos de Pseudo Idols en las interpretaciones conjuntas de canciones como Inmarcesible, Psherman y Me cansé.

El resultado fue una experiencia que se sintió experimental y creativa, donde cada canción parecía habitar un nuevo territorio. Fernando Sandoval, vocalista y guitarrista de Pseudo Idols, explicó que prepararon el concierto durante un mes con el objetivo principal de hacer que las canciones de cada banda sonaran como si hubieran sido creadas por la otra.

La premisa se cumplió con éxito: lejos de simplemente tocar juntos, ambos proyectos asumieron el reto de reinterpretarse. Para Pseudo Idols, una banda que en 2025 lanzó su álbum Mind Empire junto a cuatro videoclips, la experiencia también representó una oportunidad para explorar nuevas posibilidades creativas. «Creo que esta iniciativa es muy interesante. Te obliga a salir de tu zona de confort y a hacer cosas que no te imaginabas», señaló Sandoval.

Fran, por su parte, mencionó que esta colaboración con Pseudo Idols llegó en el momento indicado para su curiosidad musical y proceso creativo. Después de haber creado esa identidad sonora delicada y onírica, estaba pensando en su próximo paso. Hace tiempo que quería experimentar con sonidos más «pesados», comentó. Y esta fue la ocasión perfecta.

Tanto Pseudo Idols como Fran se desempeñaron con comodidad ante el público. La sorpresa de la noche llegó cuando Fran invitó a Florence Umaña a subir al escenario para interpretar Vete. La aparición de la cantante fue recibida con entusiasmo por el público y añadió un momento especial a una velada marcada por las colaboraciones y los cruces inesperados.

La noche terminó con canciones como Wow chica, Hola soy, Psherman, Me cansé y Como tú y yo, para dejar claro que la propuesta de A2Bandas funciona precisamente porque apuesta por lo improbable.

Durante unas horas, el indie rock de Adónde está Fran? y el pospunk psicodélico de Pseudo Idols dejaron de ser mundos separados para convertirse en una misma conversación musical. Si algo demostró esta edición es que cuando los artistas se permiten experimentar, las fronteras entre géneros se vuelven menos importantes y la música encuentra nuevas formas de sorprender.

Días de Octubre y la Sociedad de Música de Cámara: intensidad, catarsis y sublimación compartida en A2Bandas

Para una sociedad en la que las emociones rara vez son metabolizadas, la agresión sin sentido es la regla. La música, sin embargo, ha ofrecido a lo largo del tiempo un refugio contra las adversidades del mundo, así como una oportunidad de honrar la naturaleza humana ante sus efectos en el corazón. Resulta fácil juzgar géneros individuales por perpetuar estados de ánimo percibidos como «negativos», pero eso significa negar la necesidad de conectar —durante ellos— para encontrar la salida. Tanto el llanto del violín como la distorsión de la guitarra son guardianes ancestrales de las horas oscuras del corazón.

El puente común emocional entre los dos lenguajes musicales fue puesto a prueba en la intrigante propuesta de la banda Días de Octubre y la Sociedad de Música de Cámara de El Salvador, durante el concierto A2Bandas del Centro Cultural de España en El Salvador, el pasado 24 de abril de 2026.

Días de Octubre abrió con Lord of All Hopefulness, una introducción sombría pero dinámica. La respuesta del público a la agrupación conformada por Osmin Estrada (voz y guitarra), Carlos Ávila (bajo), Jaime Morán (guitarra) y Kevin Martínez (batería) fue inmediata: gritos, expectación, una energía contenida que anticipaba el choque de fuerzas por venir. La banda procedió a desarrollar esa atmósfera con notas punk y matices progresivos, directas, energizantes.

Con los temas Mi fuego y Shed, la banda dejó claro melódico, preciso y agresivo a la vez. Más allá de la ejecución, destacó la interacción con el público: Días de Octubre no solo interpretaba, sino que incitaba a la acción y animaba a la audiencia a crear, a formar sus propias iniciativas musicales.

Sombras consolidó ese vínculo. Su estructura, entre pausas tensas y explosiones catárticas, detonó uno de los primeros mosh pits de la noche. La canción, atravesada por una idea de esperanza en medio de la dificultad, funcionó como un canal de liberación colectiva.

La intensidad continuó con Kinjutsu, inédita, cargada de influencias emo y screamo. Fue un golpe directo de adrenalina, que elevó a la audiencia a un estado de euforia sostenida. En esa misma línea, Lo que fui se impuso con potencia en las percusiones y demostró el nivel técnico de la banda.

Fantasmas condensó guitarras abrasivas en una estructura corta y dinámica que funcionó como un exorcismo sonoro. Territorial Pissings llevó esa energía al límite, para reafirmar el carácter visceral de un género que muchas veces nombra lo indescriptible, así como la energía de una escena que se distingue por su fidelidad a la vulnerabilidad.

Llegado el momento de unir esfuerzos junto a la Sociedad de Música de Cámara de El Salvador, la combinación no decepcionó. La reinterpretación prog rock para In the Hall of the Mountain King, de Edvard Grieg, se convirtió en un momento apoteósico y de mutuo respeto para ambos géneros. La presencia interpretativa de los integrantes de la Sociedad —apasionada, profunda, contenida— transformó el ánimo del público, que pasó de la euforia desbordada a una especie de reverencia colectiva. Mario Alvarenga (violín solista), Andrea Nolasco (violín), Bedreyn Vásquez (viola) y José Andrade (violonchelo) proporcionaron una suerte de cauce a la angustia desgarradora de la banda anfitriona, quienes, gracias a los arreglos adicionales de Miguel Berganza, vieron sus composiciones sublimadas en el sentimiento de las cuerdas.

Esa misma tensión entre control y explosión se desarrolló en Vivaldi Rocks, donde el Invierno de Vivaldi emergió de manera discreta hacia una descarga sonoramente eléctrica. Aquí, ambas agrupaciones pusieron de manifiesto su punto en común: una obsesión por la melodía como vehículo de catarsis emocional, aunque expresada en manifestaciones distintas. Sorprendentemente, el público respondió con admiración más que con caos y, de nuevo, suspendió el impulso del mosh pit ante la atmósfera evocada.

Este solemne equilibrio devino en otro mosh pit más clásico, aunque atravesado por una sensación de asombro que contenía, en parte, la violencia habitual del género, en la que la pieza Claveles reconectó curiosamente desde un lugar más contenido, casi meditativo. Días grises permitió una vez más a la audiencia convenir en una explosión de vitalidad física

El duelo, la tristeza, la rabia y la determinación de sobrevivir no pueden entenderse desde el aislamiento: son diálogos continuos entre lo individual y lo colectivo, desde sus expresiones más delicadas hasta sus desbordes primales. La precisión y la introspección, así como la disposición de encontrar puntos comunes, permiten tanto exiliar la soledad como transformar sus heridas en portales de la belleza. Ejercicios como A2Bandas permiten estas convergencias no solo en la experimentación musical, sino también como herramientas de encuentro social.

Cookie 503 y Morelú: La primavera del poder femenino se impone en A2Bandas

En una sociedad que impone a las mujeres cajas determinadas para existir, expresarse y realizarse, la música corre el peligro de volverse otro entorno en el que apegarse a códigos predeterminados. Esto, en contextos conservadores como el salvadoreño, transforma las escenas independientes y a sus habitantes femeninas en pioneras en terrenos hostiles: admirables en su resiliencia, decididas en su esfuerzo, respetuosas de su expresividad particular.

Suavidad, ternura, enamoramiento, belleza, pero también pasión, impulso, fuerza y rabia. Este fue el continuo expresivo declarado con alegría y decisión por Cookie 503, artista del verso que ha logrado abrirse paso a punta de espontánea garra en los escenarios urbanos con beats latinos sensibles, y por Morelú, quien le apuesta en una bruma íntima a ritmos más indie y R&B, durante el concierto A2Bandas del Centro Cultural de España en El Salvador, el pasado 27 de marzo de 2026.

Desde Bubbalú, Cookie apareció con estética de princesa, jugando con la imagen de lo delicado antes de desmontarla durante concierto. El primer bloque de este encuentro musical, centrado en el amor y el desamor, evidenció rápidamente esa dualidad. En Orgullo quebrado, junto a Morelú, sorprendió con un rap directo y emocional dentro de una balada rock sobre la ruptura. La combinación funcionó mejor de lo esperado: vulnerabilidad y fuerza en equilibrio. En el escenario y rodeadas de ambientación floral, las artistas eran, hombro a hombro, dos manifestaciones de sensibilidad y fuerza, una dalia y un lirio en el jardín de la melodía.

Con Amor aquí estoy, una de las piezas destacadas de su repertorio reciente, el tono se volvió más íntimo. El bajo lleno de soul de Morelú acompañó una letra sobre el anhelo de permanencia emocional. Ambas artistas coincidieron en sensibilidad y reforzaron una conexión que se mantuvo en Soft Love, tema seleccionado para su grabación. Aquí, la fusión fue total: más que colaboración, parecía una sola propuesta, con un mensaje claro de amor propio y libertad.

Young Heart, con un aire rock y evocaciones de balada pop de los 2000, mantuvo esa línea emocional, mientras que Speed Heart —inédita, en inglés y liderada por Morelú— introdujo guitarras más pesadas y una energía juvenil que reveló el dinamismo del proyecto conjunto.

El intermedio con Kleo Loops, invitada desde Chalatenango, amplió el espectro sonoro con versos feministas de corte poético y texturas referenciales a saberes ancestrales. En el ramillete del concierto, la intérprete se asemejaba una fragante hierba curativa.

El segundo bloque marcó un giro hacia el dembow y los ritmos urbanos. Con el cambio de vestuario Cookie asumió una presencia más segura. En Sun Shinee y Pink, exploró el reguetón y el pop urbano; y, especialmente en Pink, su flow encontró mayor naturalidad sobre el dembow. Besos largos mantuvo una vibra veraniega y ligera, mientras que Libre y despeinada destacó por un beat más sólido y una actitud confiada que reforzó el mensaje de afirmación personal.

Kleo Loops regresó en el segundo intermedio con Verso violento, una pieza más cruda y atmosférica que, acompañada de guitarra y una carga emocional vinculada con lo rural y migrante, añadió profundidad al desarrollo de la noche.

Durante el bloque final, Cookie exploró una estética más punk en Gol de oro, que dio paso a Uñas pintadas: allá el público se integró al espectáculo con tiaras en una reafirmación de identidad colectiva. En Yo soy así y Tacón alto, la rapera consolidó una narrativa de empoderamiento directo, combinando autonomía, deseo y presencia escénica en su interpretación. La participación de La Straw, ya consumada en la escena urbana local, brindó un intenso contraste de estilos durante esta franja dedicada a la fiesta y al goce como reclamación de poder.

Kleo Loops concluyó la velada con su tema Esencia, invocando visiones de cantaoras. A su propia manera, quizá, colocó a todas las intérpretes de la noche en ese mismo linaje.

«¿Qué es una mujer?» es una pregunta que castiga con un límite arbitrario el carácter expansivo de una mujer, la riqueza de sus experiencias, la pluralidad de su sensibilidad, el poder de su irreverencia. Ejercicios como A2Bandas son, además de una vitrina para la expresión musical, una reivindicación que —al combinar distintas artistas— resiste una y otra vez de manera deliberada esta clasificación: una mujer, en la música salvadoreña, es lo que ella quiere. En esta autodeterminación descansa la raíz más profunda de su identidad.

Mr. Martens Sound y Utopía Km-0: La lucha también es alegría

Ante la oscuridad, en una realidad que parece inmutarse ante la injusticia y el sufrimiento, una visión cínica propondría un contraataque cerebral, técnico, colérico. Como si la energía de la transformación misma fuese una fuerza destructora y no la metamorfosis del pulso de vida. Ni la poesía ni la calidez parecerían buenas contrapartes contra problemas urgentes.

Así, ni el ska ni el reggae parecerían gritos adecuados de guerra; tampoco la nueva canción latinoamericana, en su contemplación holística, un instrumento innovador. Pero Mr. Martens Sound, veteranos y evangelistas entusiastas de los antes mencionados ritmos caribeños, y Utopía Km-0, que nutren la vena florecida de su trova con el agua del Río Lempa, contradijeron con luz y potencia cualquier noción parecida la noche del viernes 27 de febrero de 2026, como parte del ciclo A2Bandas del Centro Cultural de España en El Salvador, en una jornada que celebró la lanza de la felicidad en las manos de un público sensible y entusiasta.

La introducción de los Mr. Martens Sound caminó por un ska/reggae relajado, de vibras cálidas pero dinámicas, que poco a poco fue construyendo una atmósfera de cercanía. En Todos por igual, ese ambiente se transformó en un canto colectivo, sencillo pero efectivo, en el que la idea de igualdad se deslizaba con naturalidad, casi como un mantra. Música y revolución permitió a la banda jugar con cambios de ritmo, breaks bien colocados y una guitarra especialmente destacada por su potencia.

Con No eres buena el repertorio dio un giro hacia lo íntimo. Un lamento de despecho en clave melancólica rítmica, que mantuvo el balance entre nostalgia y pulso. Esa capacidad de transitar emociones sin perder el pálpito bailable es, precisamente, una de las fortalezas de Mr. Martens Sound.

La primera gran fusión llegó con Llevarte. La canción se movió hacia un terreno más romántico, con ecos que recordaban al rock en español, pero de filo más suave. La construcción fue progresiva, jugando con los contrastes hasta desembocar en una explosión final que reafirmó la química entre ambas propuestas. En El mundo feliz, ahora liderada por Utopía Km-0 con el respaldo de los Martens, la carga reflexiva se movió hacia la rutina cotidiana. La interpretación se benefició de la energía juguetona de los vientos, trompeta y saxofón, que aportaron ligereza a un tema que hablaba de la monotonía. El resultado: agridulce y contradictorio, pero vital. El público respondió de inmediato: bailó, coreó y celebró uno de los momentos más conectados de la noche.

Contigo ofreció un respiro: una pieza romántica, directa y sin pretensiones que bajó la intensidad sin romper la coherencia del set. Luego, con Them Belly Full, la banda volvió a expandirse, esta vez en inglés, mostrando soltura en sus progresiones musicales y un tono optimista que mantuvo el flujo ascendente del concierto.

Asimismo, El circo se presentó como una trova ominosa, una crítica directa al panorama político nacional. Aunque su base respiraba cierta sensibilidad noventera, la banda la empujó hacia un rock más contundente, con líneas vocales que aportaron contraste y carácter.

Uno de los momentos más impactantes llegó con Realidad. Aquí, Utopía Km-0 transformó el tono de Mr. Martens Sound, para despojarlo de su fluidez inicial y dotarlo de una densidad casi violenta. La canción se convirtió en un grito colectivo de indignación: el saxofón, la batería y la voz se unieron en una catarsis que atravesó al público. Esta adrenalina dio paso a Minnie the Moocher, interpretada en inglés, donde la pista se transformó en una fiesta desbordada. El público respondió con baile desinhibido y el mosh pit apareció casi de forma inevitable. Esa energía encontró su clímax en This is ska, en el que las baterías marcaron un cierre explosivo, pesado y contundente.

En Will Song el color de la noche se tornó más oscuro y visceral y preparó el terreno para Crisis, una pieza poderosa, heredera de la tradición del ska punk más combativo, donde la dulzura inicial desapareció por completo para hacer sitio a una descarga de fuerza vital pura. En una genuina montaña rusa, el aire volvió a suavizarse con Amor Rude Boy, una celebración del romance efímero de concierto, de esos encuentros fugaces que se vuelven memorables.

Con Maldición gitana, la banda llegó al límite hasta desembocar en el momento festivo de Máscara, que unió a los artistas en escenario en un cumbión vibrante, cargado de carácter, convicción y pasión: un llamado a la autenticidad que, enriquecida en la diversidad de géneros, coaguló en una sola intención. El encore vino con el tema Kristin Keller, que se despidió de la audiencia en una liberación de gozo donde el desenfado se sintió como una recompensa después de todo el recorrido emocional realizado.

Ejercicios de compaginación musical como este dejan una posibilidad valiosa abierta de par en par: la música puede ser un espacio de encuentro donde la crítica, la alegría y la comunidad coexistan sin contradicción. Reemplazando la visión dogmática de la protesta asociada únicamente con la rabia, esta noche propuso algo distinto: una revolución que también se baila, se canta y se celebra en su belleza vital. En tiempos oscuros como los presentes, para un país como El Salvador, esta transfusión de creatividad se vuelve vital.

Lxs Bastardxs y Kari Cast: una fusión que unió a los corazones rotos y la poesía punk

El último concierto del proyecto A2Bandas de 2025 nos regaló una velada que no sabíamos que necesitábamos: una fusión entre Lxs Bastardxs y Kari Cast. Dos propuestas musicales destinadas a unirse y a ofrecer un concierto que dialogó y conectó con las emociones de las personas asistentes.

El recital de la noche del 13 de diciembre, protagonizado por la banda de Lxs Bastardxs y la cantante Kari Cast en el Centro Cultural de España, dejó en claro que las emociones no se conforman con sentirse, sino que necesitan salir a flote para existir y sanar. Y cuando son representadas por las notas musicales del blues, el jazz, el rock, el funk y las voces de Fabio Rivas y Kari se transforman en una energía única.

El show, conformado por 14 canciones y dividido por decisión de las y los artistas en tres actos titulados «La mentira», «La paranoia» y «Epitafio», llevó al público de viaje a través de la trayectoria de ambos proyectos musicales. Además, de manera inesperada, presentaron canciones nuevas preparadas especialmente para esta velada.

Tibios y nerviosos, el primer acto arrancó con una poesía de Estella Zelaya, trompetista de Lxs Bastardxs, para dar paso a la canción Al poeta. Aunque al inicio resultó difícil conectar de inmediato con el público, para el final del tema ese público y la banda —que comenzó con una alineación incompleta— ya se encontraban plenamente enganchados.

Elegir Al poeta para abrir la noche fue, al parecer, una declaración de intenciones: esta pieza invita a reflexionar sobre cómo las artistas y los artistas lidian con la incomprensión y luchan constantemente por crear y promover su trabajo, pese a los obstáculos que el sistema impone y que les impiden dedicarse a ello al 100 %. Por otro lado, la canción también guarda una dedicatoria y un señalamiento oscuro que solo los verdaderos fans de Lxs Bastardxs conocen.

Sin duda, la irreverencia y la intensidad de la entonación, así como los ademanes con los que Fabio Rivas interpreta cada letra de las canciones, lo convierten en un frontman único. Algo que ha logrado gracias a su trayectoria como poeta, rendido por completo a la enfermedad de escribir y a la devoción por la palabra.

El público, por su parte, reaccionó de manera intermitente durante el primer acto a los estímulos que las y los músicos lanzaban desde el escenario. Y es que, aunque la velada puede catalogarse como exitosa, también luchó por destacar dentro de la apretada agenda musical salvadoreña de esa fecha. No cualquiera estaba en este concierto: asistió una mezcla de verdaderos fans de ambas propuestas, amistades, familias y rostros destacados de distintas ramas artísticas, atraídos por una música hecha desde la poesía honesta, irreverente e intensa que sigue teniendo eco en el San Salvador subterráneo.

Kari Cast no tardó en incorporarse a Lxs Bastardxs junto a Mao Flores. Vestida de oscuro con cierta esencia rockera y vintage, en su mano sostuvo un incienso de suave aroma que aportó un toque místico y romántico al escenario. Por su parte, Mao lució un atuendo que dialogaba con la esencia de Lxs Bastardxs, sin dejar de lado ese estilo propio que lo caracteriza al ejecutar el bajo.

Sin preámbulos, Kari entró de lleno para interpretar una de las piezas más emotivas del setlist: Sin pupilas, cantada a dúo con la saxofonista Jennifer Figueroa y acompañada por Carlos Estrada en el piano, Ranfi López en la guitarra y César Alas en la batería. Pupilas llevó a más de uno de los asistentes a las lágrimas gracias a la emotividad que ambas artistas volcaron en una canción que, según comentaron, surgió durante uno de los ensayos previos al concierto. La conexión inmediata y el compromiso de los involucrados permitieron consolidarla para esa noche.

Más adelante, durante Mentirosa, Fabio y la producción —cómplices de la puesta en escena— sorprendieron a la audiencia al anunciar falsamente que el show sería cancelado por falta de preparación. Agradecieron a la institución por el espacio y algunas luces se apagaron, pero entre el público alguien gritó el nombre de la canción y la música continuó.

A mitad del set, Miguel Castañeda, integrante de Lxs Bastardxs, se incorporó al escenario y demostró que, pese a los obstáculos que el sistema laboral impone a los artistas, cuando llega el momento se entrega todo. El músico se intercaló entre el bajo y la batería hasta el cierre del concierto.

Para el segundo acto, llamado «La paranoia», el público ya estaba deseoso de escuchar más. Historia de amor de Kari Cast reafirmó por qué es una de las voces más destacadas entre las cantantes salvadoreñas, mientras que Janette y el ritmo de Los narcos de Lxs Bastardxs encendieron la improvisada pista de baile en el estacionamiento del CCESV. A algunos de los asistentes ya no les importó perder la postura ni desajustar sus atuendos: la música se había apoderado de sus cuerpos y emociones. Para este acto, la banda regaló otra canción nueva: Loco.

Con «Epílogo», el tercer acto, y temas como Amo mi soledad, Papituchi y Las cucas, el concierto quedó servido, y el público, satisfecho, aunque pidió más tras la despedida de Fabio que se desvaneció junto con Ranfi en el escenario como una forma de mostrar alivio por completar el set.

Este último concierto de A2Bandas 2025 deja como reflexión la resistencia de los proyectos musicales por evolucionar y crecer sin perder su esencia. Y, al mismo tiempo, la importancia de que, durante estos procesos, las y los artistas se permitan experimentar junto a otros colegas con quienes diferir o compartir inquietudes que les inspiran, en este caso: el amor, la pasión, el desamor, el despecho e incluso la protesta social.

La unión de los proyectos musicales de Lxs Bastardxs y Kari Cast confirma aquello que Roque Dalton escribió: «La poesía es como el pan, de todos». Una necesidad vital y universal, no un lujo elitista, pero profundamente enlazada con una realidad salvadoreña frente a la cual muchos artistas no permanecen indiferentes y se mantienen en resistencia, creando sin censurar sus pensamientos y emociones.

Protesta, poesía e irreverencia en el A2Bandas de Oneime + Lxs Bastardxs

Esta es, sin duda, una de las fusiones A2Bandas más políticas que hemos presenciado en los últimos meses. La propuesta del viernes 28 de noviembre en el Centro Cultural de España en El Salvador nace de la colisión entre Oneime ―rapero que interpreta desde la vivencia cruda de crecer y crear arte en El Salvador mientras enfrenta un ambiente hostil, capitalista y adverso para el artista independiente― y Lxs Bastardxs, formación conocida por su presencia artística y que, en este concierto, mostró su faceta más relajada.

Una apertura improvisada sostuvo la energía del público. Oneime se vio arropado instrumentalmente por DJ OMNI, quien mezcló con destreza las pistas y canciones en vivo para, así, configurar un soporte sonoro que permitió al hiphopero desplegar su discurso con precisión. En su tema Ser vida, Oneime plantea un mensaje centrado en la autosuficiencia y la necesidad de aprender a sostenerse sin más recursos que uno mismo.

Su lírica resulta abundante, directa y cuidadosamente articulada; su ritmo, tan bien controlado, logra mantener la atención del público por sí solo, sin necesidad de ningún otro elemento escénico. Por un instante se quedó sin musicalización y, en ese momento, su voz cargó con el peso de todo el concierto.

Luego, el rapero fue acompañado por la banda invitada. La presentación arrancó con un pequeño retraso: no estaban completos a la hora prevista. Mientras el resto de los músicos terminaba de incorporarse, compartieron el escenario y, como parte de la fusión de la noche, interpretaron la canción Perdí la fe, original de Oneime. Aquí se complementa y expone otra de las luchas de ambas partes por igual: la falta de recursos materiales y la decisión consciente de no darle prioridad absoluta al dinero, una crítica que también se dirige al monopolio radial por no sonar sus canciones. (Aunque, hoy, en El Salvador la radio ha perdido el peso musical que tuvo hace décadas).

El canto «Solo puede crecer», en el tema El Otro Mundo de Lxs Bastardxs, se convirtió en el grito más repetido de la noche. Quizá sin proponérselo, terminó siendo una declaración autodescriptiva para su presentación.

Esta agrupación se mueve a través de una mezcla abundante de géneros: blues, rock, jazz, funk, poesía y palabra hablada crean un tejido que se siente libre. Sin duda, su propuesta artística es una de las más llamativas en la actualidad. Sin embargo, la banda aún navega por la tensión entre la fuerza creativa que los caracteriza y la disciplina que exige un concierto.

Este ensamble diverso estuvo integrado por Ramfis López en la guitarra, César Alas sosteniendo el ritmo con precisión, Jenny Figueroa en la voz y el saxo alto, Estella Zelaya en la trompeta, Carlos Estrada en el piano y Miguel Castañeda en el bajo eléctrico. La poesía que recorrió la velada es de autoría propia, escrita por su vocalista, el poeta Fabio Rivas Rivera, quien condujo la noche con una sátira que dialoga a la perfección con el espíritu de su música.

Podríamos ubicar su propuesta dentro de la tradición de la canción protesta, pues en la historia musical salvadoreña existen formaciones que han fusionado diferentes géneros con la poesía como voz central. Como referente inmediato podría constarse Cutumay Camones, cuya influencia se puede rastrear en la estética de Lxs Bastardxs.

La fusión de este A2Bandas se siente bien seleccionada. Parece importante prestar atención a agrupaciones pintorescas como las de Oneime, por la lucidez de su lírica y la contundencia con la que expone una realidad marcada por la precariedad, la independencia artística y la crítica social, y Lxs Bastardxs, por esa narrativa que combina irreverencia con sensibilidad poética.

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