Hizo un recorrido por canciones de sus exbandas, por sus influencias —o amores musicales—, e incluso versionó temas de su etapa solista. La descripción anterior podría sonar a la de una artista veterana con décadas de carrera, pero en este caso hablamos de Kari Cast, que aún está lejos de los treinta y ya cuenta con un recorrido sólido en la música. El pasado 25 de abril lo dejó claro sobre el escenario, acompañada por la banda Bunny Island durante la tercera fecha del A2Bandas 2025 del Centro Cultural de España en El Salvador.
Es una obviedad, pero rara vez nos detenemos a apreciar el instante. No se trata de una frase poética de bajo calibre usada al azar, sino de lo que ocurrió en el concierto A2Bandas que tuvo como anfitriona a Kari Cast. Ella se plantó en el presente y nos ofreció —quizás sin proponérselo— una vista panorámica de su trayectoria: su paso por proyectos clave de la escena salvadoreña como Sinestesia, La Octava y Cartas a Felice. Con su imponente voz y presencia se adueñó del escenario incluso antes de pisarlo, al aparecer entre el público con un outfit glamuroso y clásico que ya anunciaba lo que venía.
La canción elegida para abrir la noche fue Ilusión, en una versión que aprovechó al máximo la alineación de músicos que la acompañaban: Mao Flores en el bajo, Fernando Guardado en guitarra y teclados, y David Franco en la batería. La solidez de esa entrada tuvo eco en el cover que le siguió: R U Mine? de Arctic Monkeys. Luego de un breve paseo por otros géneros, como el bolero, la primera parte del recital se cerró con Llenando vacíos, una power ballad inédita que el público recibió absorto y emocionado.
Con la audiencia en sus manos, Kari invitó a Bunny Island al escenario. Esta banda de pop rock latino está liderada por otro cantautor de su generación, Walter Rivera, con una alineación oficial complementada por John Licks en la guitarra principal, Oswy en la rítmica, Luis González en la batería y Luis Sánchez en la percusión.
La fusión resultó tan natural como efectiva: versiones que invitaban a bailar y corear, al rescatar del baúl de los recuerdos temas como Diosa Afrodisíaca de Sinestesia, o al dar un giro swing al sencillo solista de Kari, Lágrimas.
El desamor, las idas y vueltas de las relaciones, la salud mental, lo cotidiano y lo trascendental se cantaron esa noche desde la mirada de Kari Cast y Bunny Island. Y como si faltara algo más, antes de su presentación, Hip Hop Femenino se tomó el escenario con barras afiladas, rap consciente y mucho baile.
Mirar hacia atrás para avanzar, sin despegar los pies del presente: eso fue lo que celebraron las artistas y los artistas de la noche. Todas y todos con caminos ya recorridos, pero con la ambición intacta de seguir explorando y de contar historias personales que resuenen —y se sientan— en colectivo.